Diciembre-enero

➡️ Jorge Francisco Carlos Portillo Núñez / Plumas Invitadas
De pequeños, siempre íbamos a donde decía papá o mamá. Quizás, muchas veces a regañadientes y nos la pasábamos bien, casi siempre; pero, cuando llegábamos a casa o en el trayecto de regreso venía el comentario de ellos “Y eso que no querías ir…”.
Esto me recuerda mis visitas al Centro de Hermosillo o bajar al pueblo para ir por la despensa, incluso cuando visitábamos el Centro de Ciudad Obregón, Cajeme.
En cada uno de esos lugares siempre había una tienda en especial en donde me compraban algo. Ya de grande, de casado, he visitado el Centro y me gusta pasearme entre las multitudes que se entrecruzan cargando grandes bolsas donde llevan los juguetes o el Santa para sus hijos, las compras del Mercado, carne, hojas para los tamales, chile colorado, menudo, nixtamal…

Unos corriendo, caminando apurados, esperando el camión o al viejo que anda buscando donde estacionarse aún… Una tradición es ir a comer elotes tatemados pasados por agua con sal y que le pongan mantequilla y salsa, ya los otros “guegueres” son de más.
El diciembre que pasó se percibía un ambiente de temor, de inseguridad, de rabia, de impotencia, que los que vendían en el Jardín Juarez ya no están, pero está muy bonito ahora… En el Mercado Municipal, embrocados los locatarios, al parecer unas malas decisiones y conflictos. Como decía mi Apá “ya no es lo mismo”.
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Fuimos y caminamos en las calles del Centro, entramos a varias tiendas con un “ponte abusado”, buscando las puertas de emergencia. Definitivamente el Centro sigue siendo el Centro, porque muchas familias ni se enteraron de los hechos recientes y andaban ahí busque y busque el regalo para el viejo o para los chamacos.
Para mí, es grato darme una vuelta y constatar que ya no hay muchas tiendas, que otras hace rato dejaron de existir y se convirtieron en sucursales de China; las pocas que se han mantenido por años, ya son quizás hasta la tercera o cuarta generación que las mantienen, lo que es bueno para medio mantener su economía.
Cada generación tiene sus recuerdos, todos son válidos y se vale la frase “En mis tiempos… esto se hacía o aquello se vendía”, lo bueno es seguir yendo y ser testigos del paso del tiempo.

Enero es una pequeña extensión de diciembre, de las fiestas, de regalos y de comedera; si uno va los primeros días encuentra ofertas y algo de comida o antojos propios de la época.
En enero el Centro entra en una etapa de media paz, para preparase para el día de la Candelaria y los tamales, y se pinta de rojo para el 14 de febrero. Además, es ese pequeño termómetro económico, se ve si hay circulante o si te animaste a endeudarte o a empeñar. Siempre hay algo que empeñar.
Estimados lectores les deseo que en 2026 les vaya muy bien y esta fue la primera colaboración de este año. Seguiré compartiendo algunas historias y letras que son vida.
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