Nuestras mascotas

➡️ Jorge Francisco Carlos Portillo / Plumas Invitadas


En la historia de muchas familias siempre se tiene un apartado muy especial para contar la presencia de una mascota que las acompaña, que puede iniciar su historia desde antes de formar la familia, al iniciarla o cuando se les brinda a los hijos esa parte formativa, partiendo de la responsabilidad de un miembro de la familia donde se tiene que cuidar, alimentar y, por supuesto, limpiar el área asignada para vivir, ya sea dentro de casa o en los patios.

Regularmente las mascotas con las que cohabitamos son los perros y/gatos, sin descartar la amplia gama de posibles animales que podamos decidir y tener en casa.
Entre esta amplia y variada gama, por supuesto que tienen mayor selección y presencia los perros, gatos, luego los peces, hámsteres, pájaros, ratones y ratas, cobayas, serpientes, iguanas, hurones, cerdos, y esta lista se amplía pensando en el gusto y espacio con que cuentas para poder decidirte por tu mascota o mascotas, como tu animal de compañía.

En mi familia paterna, recuerdo que siempre se hablaba en mi niñez del Maistro, un perro que acompañaba a mi apá, allá, cuando vivían en el Campo San Enrique (donde se casaron y vivieron con mis dos hermanas y hermano), y creo que siempre han sido perros.

Arte: Daniel Robles

Luego, allá por los tiempos de primaria en un viaje a Ciudad Obregón me dejaron traerme al Rosco, mi tía Graciela y mi tío Juano tenían perros y cuando los visitamos una perra tenía cachorritos, los vi y recuerdo que me llamó la atención un machito que pedí, entre recuerdos vagos creo que mi apá me dio permiso para traérmelo, en aquel tiempo vivíamos en Nacozari, por el trabajo en la Mina La Caridad, de Mexicana del Cobre, vivíamos en Fracción G, pero esa es otra historia.

El Rosco vivió en el patio de la casa, amarrado a un árbol, cuidaba la casa y a nosotros, juguetón, pero eran las costumbres de antes. No recuerdo cuál fue el final de su vida, yo me regresé a Hermosillo a seguir mis estudios, ya para ese tiempo estaban en casa de mi hermana Carmen y su hija Xóchitl, la Dama y el Vago, perros de raza o pedigrí; de ellos nacieron el Daygo, que fue perro de nosotros, familia Portillo Núñez, muchos años vivió. También estaba con el Temo -de la misma camada- el Cuhichi. Al tiempo en la casa paterna apareció la Cirila y hasta ahí hoy en día no hay más mascotas.
Toda mi familia ha tenido mascotas, muy queridas y dentro ya en las nuevas familias, para nuestra compañía o para formar y educarnos, los recuerdo y menciono de manera como aparezcan en mi memoria: Botas (gato), Cococh, Akira, Nala, Julie, Jordan, Tequila, Tootsie Rol; recientemente falleció, vivió más de 10 años con Lía, Lola Bony, Trudie, el Alex (pajarito del amor) y este Alex me recuerda que mi amá tuvo muchos pajaritos del amor. Gatos: Patsie, y las perras Coffe, y recientemente la Lenteja de Luisa Fernanda, el Señor Lino que hace unos tres años falleció y que ya era muy viejito, la Mimi, quizás me falte alguna mascota, pero me doy cuenta que sí hemos tenido.

En el caso particular de mi familia Portillo Parra, años previos estuvo en nuestras vidas la Daisy, la Bebé; una mención especial es la presencia del Solovino, perro que dejaron como herencia los albañiles que construyeron nuestro fraccionamiento allá por 1995, más o menos, fue el que cuidaba de tope a tope a los pequeños del barrio, el que ladraba diferente cuando veía alguna persona desconocida, el que respetaban los gaseros y le sacaban la vuelta por estar dormido a media calle y quien de manera romántica le cedía sus croquetas a la Solovina, porque lo vimos. Lo cuento: al momento de la llegada de Rebeca, el Solovino desapareció de nuestras vidas, de nuestra colonia, lo primero que sucedió en su ausencia fue el robo de un carro de un vecino… dejando como herencia a la Solovina, perra noble, y a sus múltiples crías. Posteriormente, a los 10 años de edad de Rebeca le regalamos a la Canela, una chihuahuita manzanita-venadita que ha sido muy importante en nuestras vidas, cariñosa cuando ella quiere y que, por su tamaño cabe en todos lados, muchas veces ha dormido con nosotros, ha tenido todos los cuidados que se requieren, baños, vacunas y mucho amor, aun comiendo sus croquetas con un estilo propio, dispersándolas por todo el piso y luego inicia su caminar al patio con una y allá se la come, y así va y viene innumerables veces; ahora ya de viejita con más de 13 años requiere más cuidados, pero los últimos cuatro años aceptó la presencia también dentro de la casa y compartir su familia, casa y cuidados con el Blanco, nuestro bello perro Ladrador -jijijij- quien, previo al viaje de intercambio académico de Rebeca, nos rescató. Perro muy querido en casa, por los vecinos, amigos, la familia, que al ver la convivencia y atrevimiento de la Canela se sorprenden por lo bien que se llevan.

Todas nuestras mascotas mencionadas tienen sus cuidados y algunos viven y conviven dentro de nuestros hogares, formando parte de la familia, son una valiosa compañía.
Claro que con esta presencia en casa sabemos que se les considera miembros de ella, pero en la antigüedad se consideraban también como parte importante del trabajo, del cuidado más formal y vemos que su presencia ha evolucionado: cada vez más tienen sus cuidados médicos, alimentación con mucha investigación, áreas especializadas dentro de la salud y cuidado con el veterinario, tiendas especializadas en la venta de muchos productos que son de bien para las mascotas. Hasta los festejos de sus cumpleaños.

Algunos consideramos un poco exagerado el amor y cuidado, pero cada uno sabe el motivo de los mimos hacia ellos. Lo que sí confirmamos cien por ciento es esa presencia e inclusión en nuestras vidas.

Sí implica una responsabilidad cuidar de nuestras mascotas, es un ser vivo que ha evolucionado, que no caza para sobrevivir, pero también veo en redes sociales su mayor presencia, festejos, amor desmedido y, debo decirlo, una crueldad humana hacia ellos: muchas veces ese regalo que hiciste de una mascota en un periodo corto te molesta y enfada, terminado su vida triste en la calle, sé que va en aumento la adopción de mascotas en situación de calle, que ha mejorado mucho la legislación y cuidado, pero el ser humano mucha veces se empeña en demostrar su crueldad hacia esos seres vivos, nobles llenos de amor y de rabia por cuidarnos y sernos leales, cumpliendo con el dicho, de que son el mejor amigo del hombre…

Si tienes una mascota cuídala, protégela, quiérela mucho, son parte importante de nuestra vida, son una gran responsabilidad. En mi opinión, en este proceso de inclusión en nuestras familias las vemos como parte importante, pero no suplen la presencia de un hijo con todas las responsabilidades que implican, si estás formando una familia, las mascotas tienen un lugar definido en casa y en nuestro corazón.
¿Cuántas mascotas has tenido en tu vida?, ¿cómo las nombras y cómo las cuidas? Cuéntame.

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Arte: Daniel Robles

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Plumas invitadas de Conecta Arizona

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