Derechohabientes del IMSS comparten cómo es el servicio

“El Segurito” o Unidad de Medicina Familiar # 02 se encuentra en la colonia Balderrama. Foto: Judith León/Conecta Arizona

Las manifestaciones de los trabajadores sindicalizados del Instituto Mexicano del Seguro Social, IMSS, relacionado con el aumento de su salario y la mejora de prestaciones es una exigencia justa; el encarecimiento de la vida debe ir a la par con la remuneración por un empleo.

Ellos quieren mejorar su vida, como todos, incluyendo también a los derechohabientes de esta institución, quienes cada mes, cada  consulta o cada servicio tienen que enfrentar las carencias “del Seguro”.

Conecta Arizona conversó con algunos derechohabientes del IMSS, quienes consideran que los trabajadores hacen bien en tomar las calles, en hacer públicas sus inconformidades, incluyendo todas las de los trabajadores del sector salud, pero se preguntan, ¿y ellos cuándo?

María Juliana es una mujer de la tercera edad, cada dos meses tiene su cita con el médico familiar para que valore los padecimientos diagnosticados desde hace años: hipertensión, problemas de circulación, un corazón que a veces parece cansado.

Los problemas con el servicio que, asegura que no es malo, como tampoco el personal, pero sí es de la institución y es ahí cuando “a todos nos toca bailar con la más fea”. En lo que va del año ha cambiado el tema de la medicación. Cuando iba cada mes le daban la receta que surtía en farmacia, cuando había insumos.

Ahora tiene la cita de rutina cada dos meses, pero sólo le dan medicamento para uno; cuando se le termina tiene que ir a pedir otra consulta en “Unifila”, entre sábado y domingo, para que le den una nueva receta.

Asegura que es complicado por la edad, por la infraestructura de las clínicas del IMSS con escaleras “feas”, rampas y accesos complicados; eso es tanto para las personas que van en auto como las que van en transporte público. Siente que corren un riesgo, independientemente de lo complicado que pueda ser para una familia andar dando vueltas, dejar el trabajo, el cuidado de los hijos o de otras personas mayores.

El plan B, que se les recomienda en el IMSS es que compren los medicamentos, obviamente sin promesa de reembolso. María Juliana ha intentado comprar sus medicinas ya sea porque es menos complicado que ir a la famosa Unifila o porque no hay en la farmacia de la institución. La inversión por los medicamentos, al mes, supera los 2 mil pesos.

“En el seguro no hay medicamento para el dolor, si acaso te dan Tempra, a veces sale más barato ir a comprar Marihuanol”, expresó. “A veces, sale mejor ir a una farmacia de Similares o automedicarse con lo que hay en casa”.

Dijo también que no hay medicamento para la epilepsia ni para otras enfermedades; entre las nuevas modalidades del IMSS, asegura, está que puedas hacerte los exámenes de laboratorio por fuera, y eso está bien, afirma, pues no tienes que ir de madrugada a hacer filas inmensas y a recibir, a veces, mal trato porque el personal está enojado, porque no les pagan lo que quieren o necesitan.

Las urgencias son ingratas

José Roberto Esquer, de 50 años, pasó varios episodios de su vida en el área de Urgencias del IMSS, ¿el motivo? un fuerte dolor abdominal que no desaparecía con medicamentos orales ni con un suero que le aplicaban cuando lo recibían.

Señaló que “las urgencias son ingratas”, refiriéndose a esta área en particular, porque no conoció otra: pasó noches y días en el piso por falta de camillas, conectado a un suero que dejaba de gotear y tardaba horas en que se lo retiraran. 

Su inconformidad con el servicio del IMSS, y también con el personal, es porque, aunque se diga que la institución no tiene dinero, a él le descuentan este servicio de su nómina. Él no deja de pagar, pero no recibe el servicio que ha buscado.

El derechohabiente del IMSS se dice ofendido por el trato que recibe, por haber pasado meses “tirado del dolor” sin diagnóstico, sin medicamentos que aliviaran su malestar mientras le asignaban un médico especialista o un estudio, algo para conocer la fuente del dolor.

Pasó alrededor de un año y, finalmente, se atendió con apoyos económicos, deudas y algunos sacrificios familiares para poder “aliviarse” con una cirugía laparoscópica de vesícula con un doctor particular y en una clínica privada. Mientras el IMSS sigue cobrándole por ser derechohabiente. Piensa que el servicio es para emergencias, pero cuando él la tuvo, sólo se sintió defraudado.

En el IMSS hay que aguantar 

Reyna Martínez conoció el IMSS porque sus padres fueron derechohabientes; el servicio no es bueno, asegura, “nos aguantábamos el proceso porque tomaban medicamentos muy caros”.

Como en el primer testimonio, refirió que hay recetas que indican que el paciente tiene que conseguir los medicamentos que requiere, porque la institución no cuenta con ellos.  Por su trabajo, ella es derechohabiente del Issste, servicio que asegura tampoco es de lo mejor.

“Los procesos son muy burocráticos, muy inhumanos muchas veces”, refiriendo específicamente que al tratarse de personas con enfermedades muy avanzadas les dan citas para el siguiente año, siempre y cuando fueran a poner las citas en diciembre. Algunos de los servicios que busca comienzan en la Unidad de Medicina Familiar # 2 y de ahí comienza su peregrinar en busca de atención.

“Yo sentí que el trato es una burla, ellos ocupaban tratamientos paliativos”, concluyó.

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Programan cirugías que no sabes si te harán

Sonia Hernández también es derechohabiente del IMSS, desde hace años la atienden de un problema de vejiga que necesita ser operado. Inicialmente la cirugía sería en Hermosillo, después le dijeron que en Guadalajara y ha pasado el tiempo, sigue con la promesa de ser operada y con el problema evolucionando.

En los más de seis años que tiene esperando la fecha para su cirugía en Guadalajara (o en Hermosillo) ha hecho rifas de dinero y de artículos; ha vendido comida y algunas de sus pertenencias para solventar el viaje que podría hacer para atender su salud, porque no quisiera ir a pasar incomodidades a una ciudad que no conoce; suficiente ha tenido, dice, con las que pasa en Hermosillo, donde va y viene con la incertidumbre de la atención a su salud. 


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Autor(a)

Judith León es reportera y editora originaria de Hermosillo, Sonora, México .
Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Sonora y está diplomada en Periodismo Digital por el Instituto Tecnológico de Hermosillo y por la Universidad Kino.
Forma parte del equipo ganador del Premio Nacional de Periodismo 2014 en la categoría de Cobertura Noticiosa.
Escribe narrativa, tiene obra publicada en varias compilaciones y es coautora del libro De ladrillo, concreto y asfalto, del Colegio de Ingenieros Civiles de Sonora.

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