Bordados de resistencia

Llegó el 15 de septiembre y, en Washington, D.C., pareciera que no pasaba nada. La Casa Blanca está rodeada de vallas negras que no permiten siquiera asomarse a la residencia donde, se supone, vive el líder de una de las democracias más poderosas del mundo. Las plazas y los parques también están bloqueados, y los turistas deben conformarse con un vistazo desde lejos, desde donde ni el zoom alcanza para imaginar ese lugar icónico que antes podía recorrerse sin tanto problema.
En las calles no había banderillas de colores vibrantes ni decoraciones alegóricas al Mes de la Herencia Hispana. Al menos no las vi. Lo que antes era un jolgorio se ha convertido en un festejo privado, por invitación, casi en secreto… como si hubiera que ocultar una identidad que refleja una diversidad que continúa bajo ataque durante esta administración. No fue así durante el primer término de Donald Trump, pero esta vez todo en Washington se siente muy diferente.
Así que, como la ciudad me parecía opaca, decidí portar los bordados que adornan siempre mi alma. Con mis blusas mexicanas tejidas a mano recorrí esas calles que ahora parecen grises, entre los uniformes de la Guardia Nacional y los trajes del Servicio Secreto. Soy, aquí, en medio de la sobriedad, un destello que hace que algunos sonrían con disimulo, como en solidaridad. Mi latinidad, al menos por este día, ayudó a otros a pensar que todavía podemos brillar con una herencia que no se puede borrar en cuatro años.

Mientras celebramos la independencia de nuestras patrias desde el extranjero, aún nos preguntamos cuándo florecerán las semillas que hemos sembrado en esta, que ya también es nuestra tierra. Traemos el maíz y el chile, la música y la candela, la picardía y la familia y, aun así, eso es ahora justo por lo que se nos condena. Así que celebrar en estos momentos es un acto de resistencia.
Por eso me rehúso a hacer como si no pasara nada.
Sé que hay muchos que sienten emociones encontradas al hablar de la hispanidad y quienes critican que hacemos de este mes un premio de consolación. Pero para mí, que también he descubierto mucho de mi esencia desde este lado de la frontera, es un bálsamo que me lleva a casa; que me lleva por ese puente que recorro todos los días, de ida y vuelta. Es una forma de entrelazar las dos versiones de mi vida, que se fusionan con tantas otras. Y si lo puedo compartir con el mundo por un mes, ¡lo tomo! Al cabo que para mí esa es una celebración que siempre llevo en mis aretes, mis labios rojos y mi corazón.
Porque la herencia no cabe en un calendario ni se limita a una recepción oficial. No somos una decoración de septiembre ni una foto conveniente para una campaña. Somos parte de este país, aunque a algunos les incomode escucharlo, vivirlo y verlo. Y mientras haya alguien dispuesto a vestirse la historia en una blusa, a hablar español sin pedir disculpas o a levantar una bandera sin miedo, habrá también una forma de recordarle a Washington (y quizá a nosotros mismos) que aquí estamos. Que aquí seguimos. Y que no nos van a borrar, sino que nos van a bordar también en esta historia.

Queremos que Conecta Arizona sea ese lugar en donde podamos darle un espacio, un eco y amplificar tus historias.
Plumas invitadas de Conecta Arizona

Comentarios (0)
No hay comentarios en esta publicación.