Hugo Mariño, artista venezolano en Phoenix: “El arte sigue, no se detiene”

Hugo Mariño recordó su vida artística en su Venezuela natal y su presente en Arizona (Foto: Arianny Valles).

📷 Fotos: Arianny Valles

Hugo Mariño es un artista plástico venezolano quien, tras más de 50 años de trayectoria, ha desarrollado lo que él mismo denomina una “abstracción expresionista”, combinando técnicas mixtas y materiales diversos. Su obra, influenciada por el entorno, revela un interés por la espontaneidad y la estructura, con un toque de inocencia manifestada en trazos infantiles sobre lienzos intensamente coloridos.

Mariño nació en Caracas, el 13 de abril de 1950, siendo el menor de nueve hermanos. Desde su más remota infancia, el arte fue su pasión. “Siempre me gustó el dibujo. Por eso ingresé a la escuela de arte después de terminar la primaria”, relató el maestro en una conversación amena. “Viví mi niñez en un barrio muy popular en Caracas llamado Lídice. Allí, una persona a la que le gustaba mucho la pintura le pedía permiso a mi mamá, cada diciembre, para llevarme a dibujar nacimientos. Esa fue la primera persona que estimuló mi razón de ser artista”.

Tras culminar la secundaria en la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas Cristóbal Rojas, Hugo atravesó un período de conflicto emocional que lo llevó a cuestionarse su identidad como artista y su lugar en el mundo. En esa búsqueda de nuevas formas de expresión, y motivado por amigos artistas, realizó talleres más vocacionales que académicos. Fue allí cuando decidió ingresar, en 1973, al Centro Gráfico del Instituto de Cultura y Bellas Artes de Venezuela para estudiar Artes Gráficas.

Arte: Daniel Robles.

En 1975 inició sus estudios en docencia de artes y, paralelamente, comenzó a trabajar en escuelas privadas. Pero su inquietud creativa seguía palpitando: “Yo quería ser diseñador gráfico. Hacía mis trabajos de diseño de forma intuitiva, por eso me dije que tenía que estudiar diseño”. Así fue como, en 1981, obtuvo una beca del Ministerio de Educación para estudiar Diseño Gráfico en el Instituto Europeo di Design, en Milán, Italia. “Europa fue muy valiosa para mí porque aprendí mucho y vi muchas cosas”, expresó con nostalgia el caraqueño, con sus ojos pícaros y vivaces.

En 1985 regresó a una Caracas vibrante, donde comenzó a impartir clases de dibujo y diseño gráfico en la Escuela de Artes Visuales Cristóbal Rojas. Durante esa etapa, dividía su tiempo entre la docencia, el diseño y el reencuentro con su obra artística, como él mismo lo narra: “Comienzo a desarrollar también paralelamente mi obra de arte, que había dejado un poco de lado por mi ausencia en esos años en Europa”. Dejó la enseñanza en 2005, y desde entonces se dedica exclusivamente a la pintura. Hoy comparte su vida entre Caracas y Phoenix, rodeado de sus hijas, nietas y el amor por el arte, la lectura, el cine y la música.

A sus casi 75 años, Hugo sigue creando con el apoyo de Elsy, su segunda esposa y compañera de vida. Al preguntarle sobre su evolución artística, responde con mirada traviesa y voz suave, que el arte no evoluciona, sino que avanza como una espiral que retoma caminos ya transitados. “En Italia vi algo que corroboró mi pensamiento. Vi una exposición donde la técnica era renacentista. ¡Te puedes imaginar! Una técnica del siglo XV en la actualidad. Pero el concepto, lo que decía el artista, era muy contemporáneo. Eso demuestra que uno puede ir atrás. Ha sido siempre así, ¿verdad? Hay formas de arte que se repiten por corrientes, por estilos… y entonces contemporanizan lo que ya fue contemporáneo en otro momento”.

Con más de 50 años de trayectoria, Mariño ha desarrollado un arte que él denomina “abstracción expresionista” (Foto: Arianny Valles).

En su obra reciente, Mariño experimenta con manchas, trazos, goteos y texturas. Integra el rigor del diseño y la estructura, lo que hace difícil definir el estilo de este artista. 

También hay un niño travieso que habita en sus pinturas y que a veces se asoma por sus ojos. Al preguntarle sobre los trazos infantiles e inocentes presentes en sus lienzos, sonríe y exclama: “¡Me fascina el dibujo de los niños! Esa frescura que hay en ellos, yo trato de imitarla. Ahí está presente eso que tú dices: la frescura de la inocencia, el trazo inocente… Nunca lo había llamado así, pero es así”. Así, explica que con la mancha espontánea y ese “trazo inocente” podríamos acercarnos al término que él propone: “Abstraccionismo Expresivo”.

En la obra de Hugo el color tiene un rol protagónico. Es estridente, se siente como una voz exaltada que revela dónde fue hecha. El “color local” del desierto en Phoenix, Arizona, donde ha pasado algunos meses, ha influido en sus trabajos recientes. Específicamente menciona los colores terrosos, el naranja, el rojo y el amarillo como elementos que han permeado su obra en esta etapa. Contrasta esto con su tiempo en Caracas, donde la ciudad y el graffiti eran sus principales referencias, y por eso los tonos usados en obras anteriores son más neones, con toques de gris y negro. “Caracas es una ciudad convulsionada, es agitada, es conmocionada, es alegre…  tiene sus lados oscuros con sus lados de brillo… muy movida, muy activa, pero también emocionalmente muy fuerte”, cuenta Mariño, quien responderá con firmeza “amarillo” si le preguntan cuál de los colores le representa mejor. Porque sí, Hugo es muy amarillo: irisdicente, caribeño, vibrante.

“Cada día, cuando visito mi taller, es un desafío, porque la tela en blanco es el mayor caos que puedes ver y sentir”, señaló Mariño (Foto: Arianny Valles).

Hoy, este pintor mira hacia atrás con satisfacción. Se siente exitoso con los múltiples reconocimientos y menciones que ha recibido su obra, presente en galerías de Venezuela, Jamaica, Italia, España, Cuba y Estados Unidos. En Phoenix, ha dejado una colorida huella en dos exposiciones —Red y Orange— en Found:Re Contemporary, en el hotel Phoenix de la Avenida Central. También sus trazos decoran el salón de conferencias de Heritage Headquarters, en el centro de la ciudad.

Parecería que para este hombre amarillo no hay imposibles. Sin embargo, frunció el ceño cuando le pregunté sobre sus desafíos, y contestó: “Yo creo que cada día, cuando visito mi taller, es un desafío, porque la tela en blanco es el mayor caos que puedes ver y sentir. Pero una vez que pongo un punto, comienzo una nueva historia, que no puedo echar para atrás. Porque tengo que seguir, porque el arte sigue, no se detiene”.

Arte: Daniel Robles.

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Autor(a)

Arianny Valles es periodista, comunicadora y productora radial con 30 años de experiencia en medios de comunicación en Venezuela y Estados Unidos. Su trabajo se centra en la cobertura de temas relacionados con tecnología, redes sociales, arte y comunidad.

Produce con mucho compromiso y amor por la comunidad el programa de radio “La Hora del Cafecito” de Conecta Arizona, medio en el que también colabora como reportera y creadora de contenido.

Es co conductora de Noticias Enlace, el noticiero matutino de La Onda 1190 AM / 99.5 FM, y fundadora de Pendiente Mi Gente, una plataforma dedicada a visibilizar y servir a la comunidad latina que hace vida en el Valle del Sol, Arizona.

Además, lidera Arianny Rocks LLC, su firma de consultoría en comunicación digital, desde donde impulsa proyectos enfocados en marketing, contenido con propósito y conexión comunitaria.