La obesidad infantil puede evitarse con educación

Imagen ilustrativa hecha con Inteligencia Artificial y supervisión humana

Hermosillo, Sonora.- En torno al Día del Niño, las actividades que se realizan principalmente son de celebración en hogares, escuelas y espacios públicos. El 30 de abril se considera una fecha en la que hay que celebrar con alegría la presencia de nuestros seres queridos más pequeños.

También debemos de pensar en avances para ellos en materia de derechos, en leyes que los protejan en materia familiar, legal, educativa y de salud, por mencionar algunos aspectos.

Entre los cuidados que debemos de tener con la infancia, Miguel Gaytán, cirujano general con entrenamiento en apoyo nutricional considera que la obesidad infantil debería considerarse como una forma de maltrato hacia los menores de edad.

Este problema de salud pública no debería escalar a cirugías bariátricas ni enfermedades crónicas, como diabetes e hipertensión, en la edad adulta o desde muy tempano en la vida de las personas, pues pueden evitarse con educación y hábitos alimenticios que se aprenden y reproducen desde casa, con nuestras familias.

El doctor Miguel Gaytán asegura que los problemas de obesidad infantil se trabajan con educación en el hogar y en las escuelas. Foto: Judith León

El médico señaló que cuando se tiene un niño con obesidad es como si tuviera en las manos “una bomba de tiempo que puede explotar en cualquier momento para desencadenar a mediano y largo plazo enfermedades y alguna predisposición al cáncer”.

Muchos de estos casos de niños con sobrepeso recurren, en el futuro, a cirugías bariátricas que han aumentado mucho en todo el mundo, y eso significa que “como padres de familia no hicimos nada para evitar que nuestros hijos llegaran a esos extremos”.

El cuidado de la alimentación, dijo, inicia desde el nacimiento; hay pocos niños que tienen medidas de cuidados referentes a la alimentación; los niños no comen tomate, pero sí piden “ketchup”, no toman agua, pero sí consumen refrescos. Agregó que hay muy pocos niños que dicen que no cuando se les ofrece un alimento, porque no se les educa para eso.

A las madres y padres de familia recordó que los niños no tienen capacidad económica para comprar alimentos, golosinas o refrescos, por eso es responsabilidad de los adultos que los niños tengan sobrepeso u obesidad, porque se les ofrece una cantidad increíble de alimento basura.

“Si a un niño usted le ofrece un plato con verduras y le ofrece agua, ese plato que lleva proteínas, moderado carbohidrato, todas las verduras y frutas, ese niño va a crecer perfectamente sano. Es parte de la educación”.

Señaló que los padres deben hacer un alto en la vida y tomar conciencia de que, en ocasiones, hay fallas en el tema de la alimentación. Gaytán dijo que en 2015, el Senado de Puerto Rico estuvo a punto de aprobar una ley donde se castigara a los padres por tener niños obesos”, pero que no hay necesidad de llegar a la aplicación de esas leyes, tampoco de imponer multas económicas. Lo que hay que hacer, reiteró, es trabajo de educación.

Este tema no compete, obviamente, solo a las familias; también deben implementarse políticas públicas que protejan la salud de las niñas y los niños, ya que el gobierno tiene la obligación de cuidar cómo se desarrollan y se cuidan.

El doctor Gaytán comentó que tiene un proyecto que quiere presentar a la Comisión de Salud del Congreso de Sonora para que se institucionalice la educación sobre alimentación en las escuelas; además de lo que ven los niños en sus casas y lo que puedan decir los maestros en clase, también pueden apoyarse con los conocimientos de los estudiantes de los últimos semestres de las carreras de nutrición, para que hagan trabajo en los planteles educativos que les cuente como servicio social o prácticas.

Expresó: “El problema es que hay programas que son muy manoseados y todo mundo opina y todo mundo hace, pero de manera aislada, no de manera conjunta. Pero, curiosamente, la gente que sabe no lo hace y es, a mi juicio, muy fácil”.

Lo que podría hacerse es elegir algunas escuelas primarias y secundarias, y detectar a los niños que tienen obesidad; con ellos trabajarían los estudiantes de nutrición, trabajando de manera integral con los padres y los familiares más cercanos.

Estos programas deberían incluir, a veces, a los abuelos, que son quienes cuidan de los niños por las actividades laborales de sus padres. “En tres años ya no habrá niños obesos”, aseguró.


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Gaytán señaló que el trabajo de los maestros en esta materia es aislado porque dan su clase o charla al respecto, pero todo queda a medias porque al salir, los papás les dan dinero para compara comida callejera o pasan a comprarles pizzas y refrescos. Este tipo de trabajos solo tendrá éxito si se educa y aprende haciendo equipo. El tema de los niños que tienen enfermedad tiroidea o algún trastorno genético puede tratarse aparte, pero es menor, aseguró.

Dijo que hay niños que tienen diez años y pesan hasta 70 kilos; a esa edad deben pesar 35. Advirtió que esos niños corren riesgos y que todo es responsabilidad de sus padres, porque los niños no tienen conciencia de lo que puede ocurrirles, pero los padres deben pensar en eso.

Respecto a los sellos o etiquetas que están en los empaques de muchos alimentos en el mercado, que indican el contenido y las calorías que contienen, dijo que está bien, pero, muchas veces, al comprar algún producto o alimento, como un hot dog por ejemplo, no pensamos en todas las calorías que se acumulan con todo lo que lo preparamos.

En lo único que pensamos es en que “está muy rico”, sin traducirlo a todos los triglicéridos malos que llevamos al torrente sanguíneo. “No nos importan las consecuencias”, dijo, “la comida te da placer, piensas que te da felicidad, pero al final vas a pagar la factura”.

Invitó a los adultos a beber agua, a no salir de las tiendas abrazando dos botellas gigantes de refresco y acompañar los alimentos, al menos, con agua, a corregir malos hábitos alimenticios y ser reflejo para los niños y no violentarlos con sobrealimentación que los encamina a enfermedades, porque, además, no hay sistema de salud que aguante económicamente las consecuencias de nuestra forma de comer desde la niñez.

“Yo ruego a los padres de familia que entiendan que esto es un abuso, es violentar a sus hijos, es la manera como le están dando. Que necesitamos educar, educar y educar”.

Las comidas que pueden ofrecerse a los niños en casa pueden iniciar con un desayuno con huevo, un pan o una tortilla (una, no seis en cada comida) y un jugo natural. Al mediodía pueden comer alguna proteína como carne, pollo o pescado con alguna verdura; entre horas, los niños pueden comer algo de fruta y de cena un cereal o algo ligero, no pizzas, hamburguesas ni tacos; si los niños beben leche está bien, se les puede ofrecer un poco de queso, y siempre agua.

Finalmente, Gaytán comentó que hay padres que comienzan a preocuparse por el sobrepeso de los niños y, cuando se les hacen observaciones en la consulta médica, dicen “Ves, te dije, pero no me haces caso”, aunque la autoridad es de los padres.

Para quienes piensan que educar con autoridad es un castigo, el doctor dijo que “no hay niño que se muera de hambre, se le pone el plato y ahí se le deja; no es buffet. Pero la mamá o el papá tiene que esmerarse en hacer un alimento rico que sea atractivo, esto es “porque no todos tenemos la facilidad de hacer una comida sabrosa”.


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“La comida siempre es buena”

Carmen, nombre con el que se guarda la identidad de la entrevistada, es amante de la comida, de repetir platillo y de disfrutar todo lo que una buena receta puede darle a su paladar.

Su vida, que ha transcurrido por muchos años en un campo de la Costa de Hermosillo y luego en la ciudad, ha sido de comer y aprender a hacer tortillas de harina, que acompaña(ba) recién hechas con mantequilla y queso, y luego con un par de platos de frijoles recién guisados, o cocidos, con generosas porciones de queso fresco.

El chorizo, con papas, con huevo o solito, las salchichas, carne machaca, carne molida, la sopa de pasta y las galletas, así como las botellas de tres litros de Coca Cola no pueden faltar en su mesa, su alacena y su refrigerador.

El peso no había sido un problema para ella, tampoco el conteo de calorías era importante, hasta que comenzó a ver kilos de más en sus dos niños y tallas más grandes que las comunes para sus edades; con esta imagen llegaron las críticas, los “hubieras” y los “deberías” que no le gusta escuchar, pero que, poco a poco, han ido haciendo ruido en su rutina.

Imagen ilustrativa hecha con Inteligencia Artificial y supervisión humana

Fue así como se acercó al médico familiar del Instituto Mexicano del Seguro Social, IMSS, del que es derechohabiente; de ahí pasó a las consultas con el nutriólogo. Este proceso que recién inicia para cambiar la alimentación de sus hijos, y de ella, no ha sido fácil. No esperaba que unos niños de 6 y 7 años tuvieran que cambiar su forma de comer, porque “la comida siempre es buena”.

Sus hijos se emocionan cuando escuchan que las indicaciones dicen “espagueti”, pero no se acostumbran a que la porción tiene una medida. En varias ocasiones se quedan con hambre. A disgusto.

La familia todavía hace ‘trampita’ al beber un poco de refresco y comer entre horas algo que no es gelatina o tomar agua. Ese es su gran secreto, al menos para los niños, pero Carmen teme que se refleje en la báscula en su próxima consulta.

Mucho le han dicho que cambiar la forma de comer es por salud, pero siente culpa de pensar que sus hijos (y ella) “están a dieta”, que pueden enfermarse “por falta” de comida.

El lunch que llevan a la escuela ha dejado de ser una fiesta para todos; no solo hay que cuidar cantidades y alimentos, también hay que cuidar que los niños no hagan intercambio de comida en el recreo. Actualmente, la moneda está en el aire. Carmen le apuesta a la paciencia, a que es por el bien de sus hijos, pero un nuevo adjetivo para referirse a ellos es “pobrecitos”.


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Autor(a)

Judith León es reportera y editora originaria de Hermosillo, Sonora, México .
Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Sonora y está diplomada en Periodismo Digital por el Instituto Tecnológico de Hermosillo y por la Universidad Kino.
Forma parte del equipo ganador del Premio Nacional de Periodismo 2014 en la categoría de Cobertura Noticiosa.
Escribe narrativa, tiene obra publicada en varias compilaciones y es coautora del libro De ladrillo, concreto y asfalto, del Colegio de Ingenieros Civiles de Sonora.

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