Las familias víctimas del narco son objeto de estudio en Sonora

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Roberto López Espinoza señaló que, aunque se diga por parte de las autoridades que la incidencia delictiva en cuanto a homicidios o desapariciones ha bajado, la violencia sigue dejando huellas y cambiando rumbos

Roberto López Espinoza investiga en su doctorado qué pasa con las familias víctimas del narco. Foto: Judith León

Hermosillo, Sonora.- Roberto López Espinoza es colaborador de la sección Plumas Invitadas de Conecta Arizona y estudiante del Doctorado en Ciencia Sociales de la Universidad de Sonora. Su estudio se llama Reconfiguraciones familiares de familias de víctimas directas de violencia criminal a la sociedad del tráfico de drogas en Sonora.

La investigación que realiza habla de la composición de las familias en la actualidad, los roles que tiene cada integrante y las actividades y dinámicas que las caracterizan.

Los cambios económicos y sociales, compartió en entrevista, históricamente han ido cambiando y lleva a cada familia a atravesar diferentes situaciones que afectan su configuración.

La transición que viven las familias en la actualidad incluye, en algunas, que vivan la desaparición forzada de alguno de sus integrantes, o que mueran, no por enfermedades, sino por algunos tipos de violencia relacionadas con actividades ilícitas, como el tráfico de drogas.


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El trabajo de investigación que lleva a cabo el doctorando se enfoca en lo que pasa con las familias cuando uno o varios de sus integrantes son asesinados o desaparecidos.

El objetivo de esta investigación en aportar por qué padre, madre o hijos, desaparecen o fallecen por este tipo de violencia que es cada vez más común, o que tenemos conocimiento de casos de este tipo casi de manera cotidiana.

La desaparición, homicidios y feminicidios son puntos de quiebre que trastocan las vidas de las familias, sus proyectos, ilusiones y también afectan su salud física y emocional. No todas lo resisten. Algunas se desintegran.

Señaló que en el tema de la violencia criminal, en México y en Sonora, las estadísticas señalan que cada vez hay menos personas asesinadas o desaparecidas, pero que estos números no siempre son reales, porque hay un término llamado “cifra negra”. En este caso, señaló que sólo el 10% de los delitos es lo que se denuncia.

Aún así, la violencia marca a las familias, deja huellas en sus vidas, sus objetivos pueden cambiar el sentido que se tenía de las mismas, convirtiéndose en un problema social amplio y complicado, independientemente de que sus familiares sean encontrados o que los deudos reciban justicia, en el sentido de que se llegara a encontrar a los responsables de la violencia.

Hay algunas familias que encuentran redes de apoyo en la sociedad, como los colectivos de búsqueda u otras organizaciones civiles que las apoyan a su reconfiguración; pero también se enfrentan al estigma social, a los prejuicios, la falta de justicia, la falta de acceso a la justicia, la revictimización.

También se enfrentan a violaciones a sus derechos humanos y a la forma en la que tienen que experimentar su duelo, si es que es posible que lo vivan por los cambios emocionales, económicos y sociales a los que tienen que afrontar en medio de sus pérdidas.

López Espinoza señaló que en México este es un problema emergente pero que hay otros países, como Colombia, en donde se han hecho estudios a partir de los enfrentamientos con la guerrilla y de ciclos de violencia que se han vivido con el narco.

“En México es un tema que está tomando auge, que está tomando importancia, que está tomando bastante relevancia, sobre todo a partir del trabajo que están haciendo las madres buscadoras anta la crítica y la falta de acción del Estado Mexicano de garantizar el derecho de buscar, localizar y de dar justicia a las personas que han sido asesinadas o violentadas”.

Los estudios que se han hecho en México no predominan en alguna región del país en particular, pero sí tienen referente en las experiencias de los colectivos de buscadoras de Tamaulipas, Sinaloa, Guanajuato, Veracruz y se busca que haya un espacio para las investigaciones de los colectivos de Sonora.


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El estudio de Roberto López sería un tema inédito, aun cuando en Sonora hay otras investigaciones sobre las causas y los motivos que llevan a las personas a participar en la actividad delictiva del narco, y lo que induce a los jóvenes a asumirse como sicarios.

A propósito del tema de la narcocultura, la investigación del entrevistado para obtener el grado de maestría, también por la Universidad de Sonora, es respecto al sentido o proyecto de vida de los jóvenes en contextos difíciles y cómo darles una orientación para que busquen otras alternativas que no sean sumarse al crimen organizado.

Su nuevo proyecto para obtener el doctorado, más allá de un tema cuantitativo, expone la forma en la que las familias enfrentan los estigmas, estereotipos y cómo pueden acceder a la justicia sin nada que los limite.

Su investigación consiste en entrevistas, observación de campo y en el tipo de apoyo institucional que reciben, siempre y cuando las familias decidan denunciar y ser atendidas por las instancias correspondientes.

Muchas familias, destacó, no denuncian por temor a ser estigmatizados, por evitar las críticas y juicios, como ocurre en las redes sociales -por ejemplo- al publicar fotografías o cédulas de búsqueda, los usuarios de las redes denostan el objetivo de la publicación o comentan las razones por las que podrían estar desaparecidas las personas.

Esto también habla, dijo, de la falta de sensibilidad hacia grupos o personas vulnerables, cuyas familias corren riesgos, abandonan los estudios por falta de apoyo y de recursos, además de la incomprensión de su entorno ante la situación que viven.

Reiteró que, aunque se diga por parte de las autoridades que la incidencia delictiva en cuanto a homicidios o desapariciones ha bajado, la violencia sigue dejando huellas y cambiando rumbos.

El tipo de investigaciones como la que realiza el entrevistado busca que puedan diseñarse estrategias de intervención psicosocial, cultural, de apoyo educativo y políticas públicas para mejorar la atención las víctimas, y para que -obviamente- se destinen recursos para apoyar a las familias en esta situación.


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Desconfianza y miedo

Roberto López señaló que informar cada mes que las cifras sobre violencia criminal van disminuyendo, podría considerarse como un mensaje de éxito, pero al mismo tiempo invisibiliza a las víctimas.

Dijo también que la gente no denuncia por desconfianza hacia las instituciones de procuración de justicia, por desconocimiento y por el temor que tienen, por referencias de otros usuarios, de ser revictimizados o criticados por los funcionarios, respecto a los motivos de por qué las personas han sido desaparecidas o asesinadas.

El ”patrón” que tiene la sociedad de la narcocultura

Como sociedad, dijo el entrevistado, tenemos una imagen de lo que supuestamente es una persona que delinque o que está relacionado con el narco: por lo general hay el prejuicio de que se trata de una persona de bajos estudios, con familia desintegrada, que son personas crueles porque nunca recibieron amor, que eligieron este camino para obtener dinero fácil.

Lo cierto de todo es que la pérdida de estas personas duele a alguien, lastima a una familia, se trata de una persona que era amada por alguien, que tenía padres, que tuvo hijos, hermanos y que todos, a su manera, y desde sus experiencias y limitantes quieren saber de su destino y que se les haga justicia.

Si tenemos conocimiento de este tipo de casos en nuestro entorno, no deberíamos pasar por alto que hay mujeres, padres, hijos que necesitan atención, que esto puede pasarle a cualquier familia.

Las primeras reflexiones sobre este tema van encaminadas a crear un buen canal de comunicación familiar para construir una red de apoyo; tener bien claro cuál es nuestro rol en la familia y entender cuáles son las necesidades materiales y emocionales que existen al interior de la misma.

De esta forma entenderemos que para evitar vivir la violencia criminal debemos regresar siempre a la familia para saber cómo vive cada uno de sus integrantes.


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Plumas invitadas de Conecta Arizona

Autor(a)

Judith León es reportera y editora originaria de Hermosillo, Sonora, México .
Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Sonora y está diplomada en Periodismo Digital por el Instituto Tecnológico de Hermosillo y por la Universidad Kino.
Forma parte del equipo ganador del Premio Nacional de Periodismo 2014 en la categoría de Cobertura Noticiosa.
Escribe narrativa, tiene obra publicada en varias compilaciones y es coautora del libro De ladrillo, concreto y asfalto, del Colegio de Ingenieros Civiles de Sonora.

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