La sequía en Arizona lleva tres décadas y las comunidades buscan soluciones urgentes

Panorámica de Phoenix, Arizona, donde los pozos de agua reflejan la creciente presión sobre los recursos hídricos en medio del calor extremo y la sequía en Arizona (Foto: Paula Díaz).

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El pozo de la iglesia del pastor Carroll E. Miles se secó. No fue un accidente ni una sequía pasajera: fue el resultado de que una empresa agrícola de Arabia Saudita, Fondomonte, extrajera el 81% del agua subterránea de su cuenca en un solo año, según datos de la Fiscalía General de Arizona. Miles, líder de The Fellowship Baptist Church en Vicksburg, en el oeste de Arizona, lo vivió en carne propia. “Las pequeñas comunidades como la nuestra han estado a merced de intereses corporativos foráneos que vienen a Arizona a explotar nuestras reservas de agua a nuestra costa”, declaró. “Este problema ha sido ignorado por demasiado tiempo”.

Treinta años sin recuperarse

Lo que le pasó a la congregación del pastor Miles no es un caso aislado. Arizona lleva en sequía activa desde mediados de la década de 1990, más de 30 años sin recuperarse del todo. Según el Departamento de Recursos Hídricos de Arizona (ADWR), el estado acaba de registrar el período enero-marzo más caliente de su historia en 2026, además del segundo cuatrienio más seco y cálido desde abril de 2022. La sequía excepcional (D4), la categoría más severa, cubre ya la mayoría de los condados del oeste, centro y sur del estado. Más del 72% del territorio de Arizona está bajo algún nivel de sequía activa.

El río que se encoge

El Río Colorado, que abastece cerca del 36% del agua de Arizona, también está en crisis. El Proyecto de Arizona Central (CAP), que lleva agua a los condados de Maricopa, Pinal y Pima, opera en 2026 bajo una declaración formal de Escasez Nivel 1 que implica una reducción de 512,000 acres-pie, es decir el 18% del total que Arizona recibe del Colorado. Según Climate Power, hasta el 20% del caudal del Río Colorado podría desaparecer para 2050 como resultado del cambio climático, y desde 2012 el estado ha registrado cinco eventos de sequía que causaron $22.1 mil millones en daños y 176 muertes. Las reglas que gobiernan el uso del río vencen a finales de 2026, y su renegociación está en marcha. “Arizona, California y Nevada se han comprometido a recortes reales, pero no los estados de la cuenca alta”, advirtió la gobernadora Katie Hobbs ante la Asociación Nacional de Recursos Hídricos. “Necesitamos que la administración Trump intervenga y negocie un acuerdo”.

Vivir bajo el ruido de los camiones

Mientras los gobiernos negocian, los habitantes del desierto improvisan soluciones. Holly Irwin, supervisora del Condado de La Paz, ha documentado durante años cómo los camiones de la operación Fondomonte circulan sin parar por las carreteras rurales. “Es todo el día. Literalmente todo el día”, repite. Irwin estima que las reparaciones de las carreteras dañadas por esa operación han costado ya 2.4 millones de dólares.

Sembrar lluvia en el desierto

El Condado de Pinal, uno de los más afectados por los recortes del CAP, busca soluciones experimentales. Joe Singleton, director ejecutivo de la Autoridad de Incremento Hídrico de Pinal, reportó que en 2025 se realizaron cerca de 30 pruebas de siembra de nubes entre julio y septiembre, produciendo un aumento estimado de 34,000 acres-pie adicionales de lluvia a un costo de apenas $6.50 por acre-pie. “La siembra de nubes alienta a las nubes a liberar más humedad de la que liberarían naturalmente”, explicó Singleton. Es una solución creativa, pero los expertos advierten que no reemplaza la necesidad urgente de reducir el consumo.

El agua como identidad

Para Buddy Rocha Jr., presidente de la nación Yavapai-Apache, el agua no es solo un recurso: es identidad. Parado frente al Río Verde, uno de los pocos ríos permanentes que quedan en Arizona y que hoy enfrenta niveles históricamente bajos, Rocha dijo ante funcionarios estatales y expertos en agua: “Es parte de mí. Es parte de mi gente”. Su comunidad impulsa la construcción de una planta de reclamación de agua de $40 millones para sustituir antiguas lagunas de aguas residuales que contaminan el río. El proyecto, financiado con fondos del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE. UU. y la Autoridad de Financiamiento de Infraestructura Hídrica de Arizona (WIFA), comenzará operaciones en 2027 y ahorrará millones de galones al año al tratar aguas residuales para riego agrícola, preservando así el agua potable del río.

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