Con “Ley Trasciende”, Samara Martínez busca eutanasia legal en México

📷 Fotos: Judith León

Hermosillo, Sonora.- Samara Martínez es una activista, periodista y creadora de contenido, originaria de Chihuahua. Una mujer joven con una enfermedad terminal por la que propone la Ley Trasciende, para que en México la eutanasia sea legal.

Tiene 31 años y desde la adolescencia toma medicamentos diariamente para preservar su vida, para paliar su estado de salud, aminorar las dolencias de su cuerpo que no le permiten vivir a plenitud, como lo hace, o debería hacer, una mujer de su edad.

Samara dictó en Hermosillo la conferencia Ley Trasciende, la lucha por la eutanasia en México. En esta ciudad encontró percepciones afines, empatía y apoyo para seguir firmando la ley que permitirá a miles de personas con enfermedades en etapa terminal, elegir sobre el momento de morir con dignidad.

Su mensaje está sustentado en información legal, en términos de la Constitución, en experiencias de personas de otros países, en pensamientos de amor y de trascender en paz, sin dolor ni sufrimiento para las personas enfermas ni sus familias.

Si bien, todos vamos a morir, dijo, tanto la asistencia para tener vida y para morir deben de tener un proceso humano. La filosofía de Samara habla de dignidad, de amor y de vida. Debemos aprender a cambiar la perspectiva de este tema, comentó, en un país donde se celebra a la muerte, pero no se le quiere abordar más allá de la existencia de La Catrina.

“Soy una paciente con enfermedades crónico degenerativas y una de ellas se encuentra en etapa terminal”, expuso en la sala de conferencias de la Asociación de Ingenieros de Minas, Metalurgistas y Geólogos de México, capítulo Sonora.

Abundó que la lucha que ha iniciado desde la sociedad, como una paciente que enfrenta un sinfín de situaciones que van desde conseguir medicamentos hasta enfrentar a una sociedad que no está preparada ni lista para hablar de temas de inclusión en asuntos de enfermedad o de cuestiones discapacitantes en un cuerpo enfermo, que resultan el triple de complicado.


En marzo de 2022 el cuerpo de Samara rechazó un riñón donado por su hermano menor, cuatro días después del trasplante. A finales de 2023 recibió otro riñón en donación, que su cuerpo rechazó en marzo de 2024.

Con el corazón roto y la pérdida de su autonomía, Samara comenzó a pensar en una ley que permita a las personas en México contemplar la posibilidad de morir de manera digna y asistida (no en la clandestinidad), cuando tienen que depender de una máquina para vivir, cuando las posibilidades se han agotado y ya no es suficiente echarle ganas, tener fe y ser una guerrera.

“El cuerpo empieza a caer lentamente, a perder todas estas cuestiones naturales, desde orinar hasta dejar de menstruar, dejar de generar cabello, vello como tal. Y es complicado porque empiezas a habitar un cuerpo que resulta ser totalmente terreno desconocido”.

Desde muy joven ha enfrentado un sistema que le exige estar vida, pero no le ofrece los recursos necesarios para estarlo. Durante dos años acudió a terapia de hemodiálisis para limpiar su sangre tres veces a la semana; luego vino el segundo trasplante y el rechazo y continuó su lucha para mejorar su calidad de vida. En 2024 perdió “completamente la esperanza”.

Expresó: “Mi cuerpo no quería, no quiere, no los órganos que amablemente me han regalado y yo sé que es fuerte porque pues no es como que te regalan una pieza de ropa, estamos hablando de órganos vitales, y ahí sí fue entrar en una etapa terminal de la enfermedad”.

Compartió que, a veces, las personas son crueles al preguntar cuánto tiempo le queda de vida, qué quiere hacer antes de morir y se enfrenta el dilema de pensar a quién pertenece y quién decide sobre el cuerpo que habita, que pasa conectado a una máquina durante diez horas diarias por el resto de su vida, “sabiendo que el resto de mi vida no era como el resto de mi vida. Unos años no, pero en mi mente resonó lo que la Samara del 2021 dijo de Yo no quiero vivir conectado a una máquina”.

Agregó que hay personas que sí lo quieren así y es algo respetable, pero no entiende por qué obligar a las personas que no quieren vivir de esa manera. La enfermedad le ha enseñado a resignificar lo que es la dignidad desde un punto de vista humano y amoroso.

Así entendió que puede perderse la salud, la familia, los amigos, la casa, pero no la dignidad y eso debe ser decisión de cada quien. Su lucha por este tema tiene más de una década, en los caminos del dolor y los duelos, porque hasta por no poder disfrutar de la vida representa un duelo para una persona con un diagnóstico en contra.

En junio de 2024 Samara recibió la noticia de que no hay más que hacer por su salud, entonces comenzó su diálogo de que la muerte se aproxima, “me voy a morir antes de lo que me hubiera gustado. No voy a llegar ni a los 35”.

Tras enfrentar lo que parece ser su realidad, su pensamiento no es que va morir, dice, sino cómo va morir.

“A lo largo de estos años he visto cómo mueren los pacientes con mis condiciones, con enfermedades autoinmunes, pacientes ahogados por su propio líquido porque sus riñones no funcionan. Entonces no hay líquido que se pueda salir, no del cuerpo. Intoxicados, conectados a máquinas, y es horrible. Es horrible ver a las personas fallecer así”.

Es entonces cuando comienza a cuestionarse dónde está la dignidad, por qué si somos dueños de nuestro cuerpo hay que luchar por el derecho a decidir cómo morir, así como se lucha por el derecho a la vida.

Investigando, recordó, encontró que en México, en el Código Penal, “en el artículo 312 se tipifica la ayuda a alguien más a trascender dignamente como homicidio por piedad”.

En su mensaje cuestiona por qué si, desde niños, nos enseñan a ser compasivos, a amar al prójimo, por qué legalmente no se puede ser piadoso con quien sufre y se castiga hasta con 12 años de prisión a quien lo hace.

Agregó que, no obstante, hay quienes en los hospitales practican la eutanasia clandestina diariamente. Asegura que hay médicos que exponen la pérdida de su cédula profesional y su libertad para ayudar a alguien que saben que no va mejorar y porque enfrentan condiciones que no eligieron.

Con esas ideas ha iniciado Samara Martínez el activismo, la lucha para lograr que este privilegio se convierta en derecho a poder elegir a quienes no tienen autonomía física, no pueden comer, ir al baño ni tener funciones básicas en sus cuerpos.

Confía en que, en 25 años, la sociedad del futuro podrá tener el derecho de elegir por esta opción que no llevará a eutanasiar a todos los enfermos ni que todos los médicos puedan ofertarlo, sino para que las personas con determinadas enfermedades puedan optar por no prolongar sus vidas.

Otros intentos por legalizar la eutanasia

La activista señaló que no es la primera vez que se aborda este tema en México; la primera vez que trató de legalizarse fue en 2002, hace más de veinte años; luego en 2015 y después de 2022. La diferencia de la Ley Trasciende es que es la primera vez que viene de la sociedad, que se propone desde un cuerpo enfermo que conoce las experiencias hospitalarias y busca el apoyo de una sociedad justa que no quiera prolongar el dolor a toda costa.

Mencionó que la dignidad está junto a las atenciones hospitalarias que se pierde en las instancias públicas del país como el IMSS o el Issste; viene también de entender que se ama tanto la vida y el cuerpo que lo último que se quiere es hacerlo pasar una y otra vez, un año tras otro, por procesos de dolor.

Este es un acto de amor “que viene desde la experiencia rota y desde que nadie merece sufrir, nadie merece vivir lo que -por alguna razón- me ha tocado vivir y no hay nada más cristiano que luchar por la dignidad de los demás”.

Samara quiere dejar de vivir con la prisa de conectarse a una máquina, de tener que viajar con ella en los pies, si es que una aerolínea, como ocurrió en días recientes, le permite volar con ella; quiere tener la oportunidad de despedirse, de planear cómo será la mejor fiesta por su vida.

Habló de un médico, Federico Rebolledo que ha aplicado eutanasias clandestinas, ayudando a trascender a más de 2 mil pacientes con acompañamiento huma no, para unos es el anticristo de la medicina, dijo, pero para otros es un médico con humanidad y mucho amor y respeto a la vida. Como evidencia recomendó el documental El último viaje.

Al proponer la Ley Trasciende, Samara busca que se hable de la muerte con dignidad, desde la perspectiva del amor y el respeto hacia el dolor humano, sin pensar que se está matando a alguien, sin juicios, como ocurrió con la muerte asistida de Noelia, la joven española cuadripléjica y deprimida que luchó por años para acceder a este derecho.


La propuesta para México es reformar la Ley General de Salud en su artículo 166 bis 21, en el que actualmente se prohíbe la eutanasia. Pero tomando en cuenta que en el artículo 312 del Código Penal se considera como homicidio por piedad. Y que, en el artículo 4 de la Constitución Política de México se reconozca el derecho a la muerte digna.


La activista señaló que se han hecho estudios en los que más de 70% de la población mexicana está a favor del tema, siete de cada diez mexicanos han respondido que, si tuvieran una enfermedad terminal o una condición de salud que los haga depender de una máquina, a sabiendas de que inevitablemente morirán, contemplarían la eutanasia “porque nadie quiere sufrir”.

El poder de las redes sociales

Samara comentó que echó mano de las redes sociales para ser escuchada, lanzó un video que hizo que llegara en dos meses al Senado de la República, con el apoyo de 130 mil personas con el propósito y el nombre bien claro. Ha contado con el apoyo de los partidos políticos, menos del Partido Acción Nacional por su filosofía provida, también con el respaldo de la Cámara de Diputados y es así como ha comenzado a avanzar este tema.

El 23 de abril se realizó el primer conversatorio en el Senado de la República, donde se presentaron más de 50 ponencias de psicólogos, psiquiatras, médicos especialistas, paliativistas, anestesiólogos, madres cuidadoras de hijos que ya no están, de pacientes y legisladores. Todos a favor.

Lo que falta, advirtió, es que el tema sea abordado en el Poder Ejecutivo porque piensa que en el Legislativo la lucha ya está ganada. Es cuestión, dijo, “de que nuestra querida Claudia (Sheinbaum) dé la indicación, porque hoy, vivimos en un México donde la política está monopolizada”, donde, si no sale desde el Ejecutivo, “esta cuestión no pasa”.

El poder Legislativo está en receso, iniciará un nuevo periodo en septiembre y existe el compromiso de que entonces, se logre la dictaminación y pase al Pleno en octubre para ser discutido, informó la activista. Actualmente se trabaja muy de cerca con la Secretaría de Salud para ver cómo se implementaría el proceso en el IMSS, en el IMSS-Bienestar y en el Issste.

Ella piensa que la vida es para vivirla plenamente hasta que la persona con una enfermedad terminal lo decida, no hasta cuando la medicina siga aplazándolo sin tomar en cuenta la opinión del paciente, considerando que la vida también es cuestión de calidad.

“Yo no decidí ser guerrera”

Desde todos los comentarios que ha recibido por hacer frente a su enfermedad, Samara asegura “Yo no decidí ser guerrera”. Sin embargo, en los últimos seis meses, en los que ha trabajado en la presentación, desarrollo y difusión de lo que no es ley, todavía, pero ella ya la ha llamado así, la idea de una muerte digna le ha dado vida, aunque parezca irónico.

Es luchar por el derecho que deberían tener las personas enfermas, de decidir hasta cuándo. De optar por irse en paz, quedarse dormidos sin dolor, con dignidad.

Su llamado a la sociedad es a conocer la propuesta, a respetar la petición para quienes no tienen más posibilidades y a firmar la petición. También pide disfrutar la vida, gozar de la salud, porque todo lo demás son banalidades.

En este link puedes firmar la petición para la propuesta de ley, de Samara Martínez https://www.change.org/p/ley-trasciende-por-una-muerte-digna-en-m%C3%A9xico


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Autor(a)

Judith León es reportera y editora originaria de Hermosillo, Sonora, México .
Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Sonora y está diplomada en Periodismo Digital por el Instituto Tecnológico de Hermosillo y por la Universidad Kino.
Forma parte del equipo ganador del Premio Nacional de Periodismo 2014 en la categoría de Cobertura Noticiosa.
Escribe narrativa, tiene obra publicada en varias compilaciones y es coautora del libro De ladrillo, concreto y asfalto, del Colegio de Ingenieros Civiles de Sonora.

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