Los recolectores de aguacate en México celebran la reanudación de las exportaciones a Estados Unidos, pero persisten los temores por la seguridad

Trabajadores clasifican aguacates en una planta empacadora en Tacámbaro, México, el jueves 13 de agosto de 2026. (Foto AP/Armando Solís)

Por MARÍA VERZA y ARMANDO SOLÍS, Associated Press

SANTA ANA ZIROSTO, México (AP) — Francisco Isidro, un recolector de aguacate mexicano, no tardó en volver al trabajo después de que las autoridades anunciaran el levantamiento de una alerta de seguridad estadounidense que había paralizado temporalmente las exportaciones de aguacate.

De vuelta a sus labores la mañana siguiente al levantamiento de la alerta, Isidro lanzó una cuerda sobre un aguacatero de unos 6 metros (20 pies) de altura y trepó. Quince minutos después, había llenado una caja con aguacates destinados a Estados Unidos.

“¡Gracias a Dios… y ahora sí cobramos!”, gritó alegremente tras varios días sin trabajo.

Ocho días después de la alerta que afectó al estado de Michoacán —y tras el despliegue de más tropas mexicanas en la región—, las autoridades estadounidenses levantaron totalmente las restricciones que habían llevado a los productores a suspender operaciones, y las exportaciones se reanudaron. Michoacán es el principal estado productor de aguacate de México y una región donde operan cuatro cárteles designados como organizaciones terroristas por la administración Trump.

Para el fin de semana, las huertas operaban de nuevo, las plantas empacadoras funcionaban a toda marcha y los inspectores del Departamento de Agricultura de EE. UU. habían regresado para certificar la fruta y garantizar que estuviera libre de plagas antes de ingresar a Estados Unidos.

Los trabajadores se alegraban de recuperar su jornal diario. Algunos productores esperaban que el aumento de la seguridad redujera la violencia y la extorsión. Otros temían que la calma no durara mucho. “Estaremos seguros un tiempo; ya veremos qué pasa después”, dijo Valentín Rodríguez, empresario con larga trayectoria en la industria del aguacate.

Muchas amenazas son posibles en un estado violento

La alerta estadounidense sorprendió a Isidro en lo alto de un árbol, en una huerta de Santa Ana Zirosto, una zona de colinas verdes y bajas en el oeste de Michoacán donde los grupos criminales son muy activos. No hubo explicaciones, solo el grito del capataz ordenando dejar de cortar.

Isidro, de 39 años y con dos décadas de experiencia como recolector, sabía que esto significaba tener que buscar otro empleo hasta que la situación volviera a la normalidad —ya que cobran por día— o mantener a su familia únicamente con lo que su esposa ganaba en una pequeña tienda.

A más de 145 kilómetros (90 millas) de distancia, en la localidad de Tacámbaro, un ingeniero de una planta empacadora de aguacates recibió la alerta en plena madrugada: las instalaciones debían permanecer cerradas y bajo cuarentena.

Unas 200,000 personas empleadas por la industria aguacatera de Michoacán quedaron en la incertidumbre.

Las autoridades no especificaron qué amenaza desencadenó la alerta. Sin embargo, en un estado donde numerosos cárteles locales obtienen ganancias no solo del narcotráfico sino también de la extorsión, las posibilidades son muchas.

Algunos productores han llegado a considerar la extorsión como un costo de producción inevitable. Un productor de Michoacán declaró recientemente a The Associated Press que paga un peso por kilo exportado en concepto de extorsión; dado que exporta unas 90 toneladas métricas diarias, esto equivale a más de 5,000 dólares en pagos al día.

Tan solo en marzo, México envió a Estados Unidos cerca de 4,800 toneladas diarias de aguacate.

Asimismo, los camiones cargados de aguacates son objeto de robos en las carreteras del oeste de Michoacán. Además, algunos trabajadores agrícolas han sido interceptados y golpeados por hombres armados cerca de la frontera con Jalisco sin recibir explicaciones, según relató un trabajador que habló bajo condición de anonimato por temor a represalias.

Un trabajador agrícola cosecha aguacates en una huerta de Santa Ana Zirosto, en el estado de Michoacán, México, el viernes 14 de agosto de 2026. (Foto AP/Armando Solís)

La producción mexicana de aguacate está bajo control estadounidense

En el pasado, inspectores estadounidenses han sufrido agresiones y detenciones temporales, lo que ha provocado suspensiones similares de las exportaciones. En ocasiones, las amenazas surgieron después de que los inspectores detectaran plagas y fueran presionados para no reportarlas, señaló un funcionario familiarizado con su labor que habló bajo condición de anonimato por motivos de seguridad. La Embajada de Estados Unidos no suele ofrecer detalles sobre estos incidentes.

Actualmente, los inspectores tienen menor presencia en las huertas —situadas en zonas montañosas aisladas donde operan grupos armados con escasa interferencia— y centran su actividad en las plantas empacadoras.

“Si Estados Unidos dice que suspende los servicios técnicos por motivos de seguridad, es imposible exportar. Si es por razones fitosanitarias, ocurre lo mismo”, afirmó Rodríguez, quien cultiva, empaca y comercializa aguacates. “Estamos a merced de lo que el mercado y el gobierno de Estados Unidos decidan hacer con la industria”.

También existe una dimensión política, señaló, y añadió que México no exportó aguacates a Estados Unidos durante ocho décadas después de que se encontrara un gusano en el hueso de un aguacate en 1914. La prohibición estadounidense se levantó en 1997, ya que la producción nacional ya no podía satisfacer la creciente demanda.

Miembros de la Guardia Nacional trabajan en un puesto de control en Cheranguerán, estado de Michoacán, México, el viernes 14 de agosto de 2026. (Foto AP/Armando Solís)

Las exportaciones dependen de la inspección y la certificación

Más del 80% de los aguacates mexicanos se venden a Estados Unidos. Miles de toneladas de aguacate se trasladan diariamente al país vecino, especialmente a principios de año, cuando la demanda de guacamole se dispara ante la celebración del Super Bowl. Para mantener este flujo constante, la certificación es fundamental.

Isidro es un recolector “certificado”. Sabe cómo desinfectar las herramientas de corte antes de usarlas, manipular la fruta con rapidez y cuidado, y reportar cualquier mancha o daño. Las huertas donde trabaja también cuentan con certificación y ofrecen instalaciones de comedor y servicios sanitarios para los trabajadores.

Jesús Méndez, su supervisor, inspeccionaba las cajas antes de que fueran cargadas en un camión que llevaba los detalles de trazabilidad. Los camiones aguardan a que todas las unidades de la zona estén listas para viajar en convoy hacia las plantas empacadoras, escoltados por patrullas policiales para prevenir robos.

En las plantas empacadoras continúan las inspecciones para verificar la calidad, el estado de la pulpa y la posible presencia de plagas. Posteriormente, los aguacates avanzan por líneas mecánicas que los clasifican por tamaño antes de que los trabajadores los coloquen en cajas.

Una vez etiquetados y sellados, los camiones se dirigen a la frontera con Estados Unidos. Ante la más mínima alerta de seguridad, toda la cadena logística puede paralizarse.

Trabajadores clasifican aguacates en una planta empacadora en Tacámbaro, México, el jueves 13 de agosto de 2026. (Foto AP/Armando Solís)

Persiste el temor a pesar de la reanudación de las actividades

El despliegue de más de 1,500 soldados para proteger la región aguacatera de Michoacán y las recientes detenciones de personas presuntamente implicadas en extorsiones han mitigado la preocupación, aunque solo en parte.

Luis Manuel Soto, un productor y empacador de 36 años del oeste de Michoacán, espera que el refuerzo de la seguridad traiga mejoras. Sin embargo, afirma que hasta ahora no las ha percibido.

Relató que, en 2024, hombres armados lo sacaron de su vehículo y amenazaron con matarlo si no les pagaba y retiraba una denuncia por extorsión e intento de apropiación de sus huertas. Las amenazas se reanudaron el pasado mes de julio, a pesar de que una de las personas involucradas en el caso anterior ya había sido condenada.

“Me dejaron una cruz funeraria y… un mensaje escrito diciendo que me quedaban pocos días de vida”, contó Soto desde una localidad cercana a Morelia, la capital de Michoacán.

Las amenazas han continuado por vía telefónica. Ahora divide su tiempo entre visitas ocasionales a sus huertos, la gestión a distancia de sus negocios y proyectos sociales, y las visitas a las fiscalías para solicitar protección.

En Santa Ana Zirosto y las comunidades circundantes, los habitantes ven con buenos ojos la presencia militar.

“Nos da cierta tranquilidad, pero también nos asusta un poco, porque podría derivar en enfrentamientos con algunos de los grupos”, dijo Méndez.

Un trabajador agrícola cosecha aguacates en una huerta de Santa Ana Zirosto, en el estado de Michoacán, México, el viernes 14 de agosto de 2026. (Foto AP/Armando Solís)


		

Queremos que Conecta Arizona sea ese lugar en donde podamos darle un espacio, un eco y amplificar tus historias.

Plumas invitadas de Conecta Arizona

Autor(a)
Comentarios (0)

No hay comentarios en esta publicación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio está protegido por reCAPTCHA. Se aplican la Política de privacidad y los Términos del servicio de Google.