Los recuerdos… Su duración varía; a veces se apagan

➡️ Jorge Francisco Carlos Portillo Nuñez / Plumas Invitadas
Una persona parpadea entre 15 y 20 veces por minuto, algo así como 15 mil veces al día; también aumenta o disminuye si duermes más de 8 horas o si estás frente a la computadora, televisión o teléfono celular. Además, según los que saben, confirman que estamos sobre estimulados y vemos 80 mil imágenes diariamente, ¿cuántas veces de esto que observamos, o las veces que parpadeamos, estamos conscientes?
Así sucede con nuestros recuerdo, de manera personal recordamos lo que nos agrada, lo que nos martiriza, lo que tenemos que aprender…
Cada recuerdo tiene un objetivo individual que te puede llevar a la acción positiva o negativa, por ello es importante estar conscientes de cada recuerdo; pienso en la parte emocional de cada recuerdo y qué nos inspira, hay quienes se quedan en ese recuerdo o recuerdos y no avanza en su vida, puede ser ante la pérdida de este plano de un ser querido, puede ser el adiós a un trabajo y los compañeros, pueden ser aquellos bellos recuerdos de tu época de estudiante.
Para otros pensadores, este tiempo que iniciamos del Maratón Guadalupe-Reyes es una etapa donde nosotros sobre estimulamos esos recuerdos de los seres queridos ausentes, momentos desagradables y sí, también de los bellos momentos. Lo importante para nuestra vida es darles salida y no estacionarnos en ellos. Para qué martirizarnos, si así fuera el caso.
Habrá que “recordarle” a nuestra mente y corazón lo valioso de cada recuerdo.

Si bien es cierto, los recuerdos son experiencias, eventos, personas, lugares y objetos que hemos vivido y almacenado en nuestra memoria. Son la forma en que nuestro cerebro procesa y almacena la información que hemos adquirido a lo largo de nuestra vida. Y vaya que tenemos una gran cantidad de ellos, que saltan en cualquier momento, ante algún detalle que nos detona recordar, para nuestra felicidad o tristeza.
Pero, ¿cuáles son los tipos de recuerdos que tienes más? Vamos partiendo de estas ideas de lo que recordamos:
Lo que vimos como imágenes, escenas, rostros, los sonidos que oímos, voces, música, lo que nos informa nuestra nariz: olores, aromas; hasta lo que tocamos, cómo sentimos, texturas, temperaturas y, claro, en un lugar importante están nuestras emociones y sentimientos.
Esto nos hace pensar, en una pequeña dinámica amigo lector, ¿cuál es el recuerdo más viejo y consiente que conservas? ¿Tu primera Navidad, tu primer pañal, tu primer día de escuela, tu primer sabor, tu primer olor?…
¿Alguna vez te has sentado a hurgar en tu memoria esos recuerdos? ¿Qué sientes? ¿Es válido “recordar es vivir”? Cada uno de nuestros recuerdos tienen una función y si le aderezamos qué provoca en nosotros y si nos llevan a la acción.
Porque cada recuerdo tiene ese aderezo especial, si le pusimos mucha atención, si estamos conscientes, si son demasiado emotivos, si buscamos estarlos repitiendo como si no quisiéramos que se nos olvidaran, y por supuesto, hay quienes los recrean con todo su contexto.
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En nuestra vida diaria le ponemos toda nuestra atención y decimos que vale más una pálida tinta que una buena memoria… Buscando que quizás en el plano laboral recordemos lo que nos han pedido o desde la academia debemos recordar para nuestro desarrollo profesional; es por ello que los recuerdos, experiencia, vivencias y un larguísimo etcétera siempre estarán ahí para fortalecer nuestro desarrollo emocional, profesional, social, pero debemos tener a la mano el detonador que haga que entren en acción para bien o para mal.
En resumen, los recuerdos son fundamentales para nuestro crecimiento, aprendizaje, identidad y supervivencia. Nos permiten aprender de nuestras experiencias, formar conexiones sociales y emocionales, y adaptarnos a nuevas situaciones.
La duración de los recuerdos puede variar mucho dependiendo de varios factores, como la intensidad emocional del evento, la frecuencia con que se recuerda, la edad en que se experimentó y la salud cerebral.
Ante esto, hoy en día nos enfrentamos a la pérdida de la memoria o se nos quedan de manera activa aquellos recuerdos que nos han impactado más en nuestra propia historia, lo que genera un problema de salud, del cual estaremos hablado más adelante. Es una agonía lenta y dolorosa ir perdiendo la memoria, nuestra memoria y que nuestros seres queridos vean nuestro deterioro.
En nuestra siguiente colaboración hablaremos de la “demencia”, una enfermedad actual y dolorosa.
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