Tres de tres, mi regreso a las giras

Arte: Daniel Robles

Regresé a las giras de cobertura periodística por Sonora después de muchos años. La primera reflexión que tuve desde que comencé a empacar una pequeña maleta es que “no es lo mismo los Tres Mosqueteros que 16 años después”.

Esta bonita e intensa profesión me mantuvo alejada del trabajo en campo (de largas distancias) por muchos años, porque cambié la reporteada por el trabajo de edición en varios medios digitales de Sonora y ahora de Arizona.

Ha sido muy bueno, pero me di cuenta de lo mucho que extrañaba el movimiento de madrugar, conocer y reconocer colegas, tratar de encontrar un asiento cerca de compañeros de viaje que quiten el tedio a los kilómetros y los inconvenientes que hay en las carreteras (y vaya que son diferentes estas carreteras a las de hace 16 años).

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☕ Café

Me acredité para cubrir la gira de la presidenta Claudia Sheinbaum en la sierra alta de Sonora el sábado 31 de enero de 2026, donde, en el municipio de Bavispe, tierra que vio nacer al actual gobernador Alfonso Durazo Montaño, inauguraría una carretera que comunica a Sonora con Chihuahua.

No es cualquier carretera. Según yo, la masacre cometida en perjuicio de las familias Langford, LeBarón y Miller el 4 de noviembre de 2019, y que se hizo pública a nivel internacional, fue lo que propició que se buscaran formas de traslado y de comunicación seguras para miles de personas que han transitado y transitarán por estos caminos.

En mi proyecto de trabajo para esa gira, que duraría alrededor de 24 horas por la distancia y la logística, había al menos tres notas, además de la que era el objetivo de todos: ver a la primera presidenta de México cortar el listón inaugural de una carretera que fue solicitada desde hace más de 90 años, y para la que no hubo dinero ni interés, hasta que la sombra de la inseguridad y la violencia cubrió de sangre y de luto a varias familias y a este espacio.


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🌵 Cactus

En párrafos anteriores escribí algo sobre traslado seguro, que fue lo que los representantes de la prensa pensábamos que teníamos, pero que, los kilómetros, los baches y las horas nos mostraron que no era así.

Después de la inauguración de la carretera, a unos metros del Memorial La Mora, testimonio de una tragedia, donde ocurrió una de las tres agresiones armadas que privó de la vida a tres mujeres y seis niños, y del que sobrevivieron ocho menores, algunos de ellos heridos en el ataque a tres vehículos, regresamos al municipio fronterizo de Agua Prieta, donde pernoctaríamos para tomar camino de regreso a Hermosillo al día siguiente.

La organización y logística de este viaje estuvo a cargo del gobierno del estado de Sonora, muy buena, por cierto, salvo que las camionetas en las que viajamos no tenían las condiciones para hacer este traslado. Quizás habrían llegado sin problema a San Pedro El Saucito (a unos kilómetros de Hermosillo), pero no pasó así de Bavispe a Agua Prieta, y menos hasta Hermosillo.

Todos somos confiados y corresponsables en esta profesión, pero la responsabilidad -en toda acción- debe recaer sobre alguien. Saque sus conclusiones: las unidades eran rentadas.

Mientras una camioneta viajaba a baja velocidad por los motivos que fueran: quizás las condiciones del motor, la transmisión, la capacidad del vehículo, el modelo de la unidad, el servicio o la falta del mismo y “la carrilla”; otra iba haciendo de caravana, el acompañamiento, haciendo equipo.

En el trayecto nocturno, con una gran luna y el silencio que acompañaba el cansancio de todo un día para llegar y cubrir la nota, algunos conversábamos, escuchábamos la música elegida por el operador o dormitábamos…

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🔥 Opinión

Dormitábamos hasta que entramos a la ciudad de Agua Prieta y tuvimos que bajar -entre corriendo y gritando- a la velocidad que las humanidades nos dieran, por las condiciones del cuerpo y los espacios disponibles en la camioneta que estaba llenándose del humo del escape.

En ese momento no averiguamos de qué se trataba, la lógica nos indicó que no era normal y que teníamos que ponernos a salvo de una intoxicación, en el menor de los casos. Tal vez dormitamos en lugar de seguir con la vista la línea continua de la carretera porque el humo nos traía como el pulpo (o el sapo) cuando lo meten a la olla.

El problema quedaría solucionado al día siguiente, con más diésel y un aditivo…

No fue así. Al día siguiente, se hizo un cambio de vehículo, al que se le activaron los parabrisas en el trayecto de Agua Prieta a Cananea; hubo comentarios, risas y chistes respecto a las condiciones de la unidad.

En Cananea, un automovilista hizo la observación de una llanta. Paramos en una gasolinera y, aunque supuestamente todo iba bien, esperamos para otro cambio de unidad por parte de la misma compañía que, “por suerte”, tiene también una sucursal en el pueblo minero.

Bajamos la sierra entre pláticas y los chistes de que quizás en el siguiente municipio tendríamos que cambiar de unidad para continuar con la accidentada aventura. Llegamos a Santa Ana en la unidad a la que no podía abrírsele la puerta lateral, y por la que, en Cananea, los ocupantes subimos por la puerta del copiloto.

Antes de llegar al kilómetro 100 de la Carretera Federal México 15, el operador comenzó a sonreír -de nervios- al tiempo que frenaba con motor ante la sorpresa de quienes alcanzamos a darnos cuenta de que la tercera camioneta se apagó, y buscaba un área para bajar de la rúa.

Bajamos de nuevo. Entre el chofer y algunos reporteros checaban algo al interior de la unidad, luego levantaron el cofre y tuvieron que usar el agua que quedaba en una hielera para apagar el conato de incendio. Sí, una llamita salió del área del motor, del auto donde viajábamos alrededor de 15 reporteros.

El Mago (Armas) comenzó a gritar que bajáramos las maletas y los equipos, mientras Sebastián Gaxiola se subió a la camioneta y lanzaba las cosas para que las cacháramos desde tierra. La puerta de la cajuela no pudo abrirse en ese momento, pero sí se había podido abrir la puerta lateral. Ya que se bajaron muchas cosas, El Mago pidió que rescataran su sombrero.

El segundo auto con reporteros llegó minutos después para ¿apoyar?, ¿acompañarnos?, ¿rescatarnos? Los que tenían compromisos laborales o debían seguir viajando, como Oviel, el compañero de Ciudad Obregón, entendieron que la llegada a su destino sería más tardada.

🛣️ Refill

A la orilla de la carretera se siente más fuerte el aire, la incertidumbre y se mide el riesgo, ¿hasta dónde llega la corresponsabilidad que nos toca? Ríes de nervios, algunos se enojan y hacen pataleta como si fuera a propósito para que no llegues a tus compromisos, gritas cuando pasan los tráileres y pitan, “piensas cosas” y haces un recuento de tus historias…

Cuando te acreditas para una gira, piensas en hacer la nota de la o el protagonista del evento, en registrar y documentar lo sucedido y resulta que regresas con la maleta enterrada, ahumada y con una historia donde, entre los protagonistas involuntarios, como extras quizás, estás tú.


Bonus:

El operador de nuestras camionetas traía algo de música “viejita pero bonita” (no toda). No traía música de Carín León, pero esta rolita viene a propósito de Agua Prieta.

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Autor(a)

Judith León es reportera y editora originaria de Hermosillo, Sonora, México .
Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Sonora y está diplomada en Periodismo Digital por el Instituto Tecnológico de Hermosillo y por la Universidad Kino.
Forma parte del equipo ganador del Premio Nacional de Periodismo 2014 en la categoría de Cobertura Noticiosa.
Escribe narrativa, tiene obra publicada en varias compilaciones y es coautora del libro De ladrillo, concreto y asfalto, del Colegio de Ingenieros Civiles de Sonora.